martes, 28 de marzo de 2017

DANIEL PENA: ASÍ SE CONSTRUYO LA CANCHA DE RACING


El historiador Daniel Pena, cuenta la verdadera historia de un ícono de Avellaneda: el famoso cilindro, la cancha de Racing Club. 


En una entrevistada en el programa "En La Mira" emitido de Lunes a Viernes de 8 a 10hs por FM SECLA104.7 el historiador Daniel Pena,  relata en primera persona, esta apasionante historia que compartimos.


Muchas veces, para reconstruir la historia, solo se cuenta con la tradición oral, por la carencia de evidencias físicas que respalden lo que se dice.

Así en verdad se comenzó a escribir la historia en la remota antigüedad. Hoy damos por sentado y en forma incuestionable, que algunos acontecimientos históricos ocurrieron de determinada manera, pero no hay evidencias concretas que demuestren estas afirmaciones.
En estos casos se retransmite lo que se narra y se confía en la veracidad de lo dicho, porque se confía en la fuente de la información.

Ejemplos puede haber miles, pero les doy solamente uno: no hay evidencia física que compruebe la existencia de Jesucristo, solo escritos que comentan su vida, enseñanzas y dichos. Gran parte de la humanidad ha dado por cierto los Evangelios, aún siendo escritos no por protagonistas contemporáneos a la época.

Para escribir este relato, debo recurrir a la tradición oral, porque no hay documentación que me respalde, solo comentarios de algunos presuntos protagonistas o conocedores de los entretelones sobre la construcción del Estadio del Racing Club de Avellaneda.

El Racing Club nació con un destino manifiesto de ganador casi imbatible: récord de campeonatos en la era del fútbol amateur (antes a 1931), 9 títulos, de los cuales 7 fueron consecutivos (entre 1913 y 1919) y de estos, 2 invictos y 1 de ellos con el 100% de los puntos disputados.

Esto provocó que un importante sector de la población se hiciera hincha del club, provocando un verdadero fenómeno de popularidad. Hasta un personaje del tamaño de Carlos Gardel era fanático confeso.
En esos años nace el calificativo de la “La Academia”, por la exquisitez de su fútbol, la forma en que se hacía “escuela” al jugarlo con brillantez y elegancia.

Avanzada la década de los ’40 y a pesar de la falta de conquista en esos años, Racing seguía siendo muy popular y convocante de enormes cantidades de espectadores en sus partidos. Por eso a los dirigentes de la época se les ocurre la idea de construir un nuevo estadio, que reemplazara al viejo de madera.

El gran impulsor de este desafío fue Ramón Cereijo, que a pesar de no ser directivo de la institución, promovió este proyecto y usó sus influencias políticas como Ministro de Hacienda de la Nación, ante el mismo Gral. Perón, Presidente de la República.

Muchos dicen que Perón era de Racing, aunque rara vez se lo escuchó hablar de preferencias de colores. Otros, como el dirigente partidario Antonio Cafiero, dicen que Perón en verdad era de Boca Juniors.

Perón jamás aclaró esta discusión, a lo mejor, como buen pragmático que era, no le convenía definir la cuestión, para así evitar desilusiones en algunos o desmesuradas alegrías en otros.

Cereijo habla con Perón sobre el proyecto del nuevo estadio y este le sugiere construir el mismo en un predio por entonces en desuso, donde había funcionado el centro de diversiones conocido como el Parque Japonés, ubicado en frente a las estaciones ferroviarias de Retiro, en tierras fiscales, hoy más conocido este sector de la ciudad como Catalinas Norte. Este lugar, hoy, es un solar plagado de edificios rascacielos, símbolo de modernidad y pujanza.

¿Se imaginan los hinchas de Racing lo que hubiese sido esta institución si su estadio se construía en ese predio tan cercano al centro porteño, con accesos directos a los ferrocarriles y subterráneos, la City, el polo del poder político?

Creo que ese hubiera sido el estadio más importante del país y el club, el más seguido y popular. 
Entre los dirigentes de Avellaneda pesó la decisión de levantar el nuevo campo de juego sobre el predio del viejo, con el argumento de no desarraigarse de su lugar de origen: la querida Avellaneda.
El aspecto deportivo también favorecía este emprendimiento. En 1948 Racing iba rumbo al título. No pudo conseguirlo debido al estallido de una huelga masiva de jugadores profesionales, que motivo hasta la emigración de grandes figuras y a jugar los partidos que restaban con integrantes de las reservas o divisiones inferiores. Allí Racing perdió la chance.

Pero entre 1949 y 1951, el club es el primero en lograr el tricampeonato nacional en la historia de la era profesional, con la particularidad que los mismos se disputaban a lo largo de todo el año.

En 1950 Racing inaugura su nuevo estadio, bautizado en honor al Gral. Perón. El de mayor capacidad en ese momento: 110.000 espectadores, capacidad reducida en la actualidad (casi a la mitad) debido a la instalación de plateas en la mayor parte de la superficie del mismo y a razones de seguridad.

La empresa Geopé, confiscada a los alemanes al momento de declarársele la guerra en 1945, pero que aún conservaba los desarrollos tecnológicos y los profesionales de ese orígen, garantiza la calidad constructiva y las innnovaciones puestas en juego, como ser, amortiguadores y bolas de rodamiento en los pilotes para garantizar la fácil absorción de los movimientos y la construcción en módulos prefabricados. Geopé ya venía de realizar el más grande y más moderno aeropuerto del mundo de la época: Ezeiza.

Con gran pompa se inauguró el nuevo coloso de cemento con la presencia de Perón. Algunos dicen que el mismo se mostró algo desilusionado con la construcción, que pretendía algo más espectacular y lujoso.

Esta es una historia contada por memoriosos, testigos directos o influyentes conocedores de la “posta” (la verdad oculta).

Las idas y vueltas, de Avellaneda a Retiro, de Retiro a Avellaneda. La desilusión de Perón ante el “Cilindro de Avellaneda”, marcaron esta historia.

Otros comentan que Perón le regaló la cancha a Racing: esto no es cierto. Racing pagó con un crédito a 20 años la construcción del estadio. El último documento se abonó en 1970. Claro que la inflación facilitó el pago de esas cuotas. Pero se pagó y no le debemos el favor a ningún sangriento dictador, como River Plate y Vélez Sarfield que se lo deben al Gral. Videla. River, en agradecimiento a la Junta Militar, hasta los declaro Socios Honorarios. 

Puede haber mucho o poco de cierto en este relato. Pero no se puede ocultar la fascinante historia del Racing Club. Su gloria. La pasión de su gente. La mística con la cual se lo vive.

Es algo incomparable. Muy pocos en el mundo conocen el fervor, la exteriorización, el deseo de confesar públicamente la pertenencia como lo hacen muchas figuras conocidas en todos los ámbitos. Es casi imposible de describir.

Llevamos los colores de la bandera nacional. Hasta la Selección Argentina de Fútbol los adoptó, usando nuestra camiseta como inspiración (creada más de una década antes que la de la Asociación del Fútbol Argentino – A. F. A.).

Somos como la Argentina y los argentinos: ricos de recursos, gloriosos, extrovertidos. Pero también sufridos, dramáticos, golpeados.

Somos Racing. El primer Campeón Mundial de clubes que vio el fútbol argentino (1967). El primer Campeón de la Supercopa Sudamericana (1988). El primer Campeón de la Supercopa Interamericana (1988). El único que llenó dos estadios el mismo día (Campeón en 2001). El que más entradas vendió en su solo partido en la historia (104.000 localidades en el partido de vuelta por la final del mundial de 1967). El que renació de las cenizas después de la quiebra decretada en 1999.

Y las conquistas continuarán… porque somos la Gloriosa Academia.



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