martes, 11 de abril de 2017

QUINTAS DE DOMÍNICO: LA DESTRUCCION DEL FUTURO DE AVELLANEDA


Informe del historiador Daniel Pena sobre las 400 hectareas de pulmon verde, que tenia nuestra ciudad. La costa de Villa Dominico, Sarnadi y Wilde. 


El municipio de Avellaneda es el único del primer cordón del Gran Buenos Aires que aún posee una enorme cantidad de tierras vírgenes, más allá y hacia el sur del Arroyo Sarandí y entre la costa del Río de la Plata y la Autopista a La Plata.

A mediados de la década de los ¨80 la zona comprendida entre la autopista, la costa y los arroyos Sarandí y Domínico fue declarada como reserva natural provincial (en las zona de dominio fiscal, la mayoría de las 400 hectáreas involucradas), tratando de preservar así una gran extensión de bosque natural y amplias quintas (privadas), donde aún el día de hoy se sigue fabricando vino a partir de la uva chinche y se cultivan frutas y hortalizas.

Pero con la llegado de los años ¨90 y el arribo del ex intendente peronista Baldomero Alvarez de Olivera y su delfín Jorge Ferraresie,  esta zona, más su continuidad, desde el Arroyo Domínico hasta el límite con el municipio de Quilmes, fue fijada en la mira de distintos proyectos inmobiliarios o de desarrollo comercial.

Es así como se pretendió inaugurar un parque industrial, proyecto rápidamente abandonado a pesar de hacerse los primeros movimientos de tierras; se habilitó una planta de tratamiento de desechos de curtiembres de cuero y otra de tratamiento de aguas contaminadas de la descomposición de la basura; se permitió la instalación de un autódromo ruinoso; se dejó de lado la fiscalización de las actividades del Ceamse, hasta lograr, con esto, que en Avellaneda ahora tengamos unas verdaderas “serranías”, de más de 25 mts. de altura, no producto de la naturaleza, sino de la acumulación de cientos de millones toneladas de residuos, bajo el rimbombante título de depositarla así en un “relleno sanitario”. Hoy los olores que emanan de esas tierras pútridas contaminan a gran parte de todo el sur del Gran Buenos Aires. Ni los árboles pueden crecer en esas tierras y hasta el Club Atlético Independiente tuvo que abandonar la idea de construir su estadio sobre las mismas, porque el suelo, producto del relleno, no soportaría semejante estructura y porque por sus pilotes podría brotar gas metano, con el consiguiente peligro para la salubridad y hasta riesgo de explosiones.

Ahora el intendente municipal ha construido el nuevo mercado de Abasto y permitirá la instalación de una cárcel, todo en un lugar que era un verdadero vergel.

El vecino de Avellaneda en lugar de poder beneficiarse del aire puro y de los paseos junto al río, tendrá que conformarse con ver en su horizonte costero horribles galpones o frías paredes y alambradas que cobijarán a delincuentes.

Y todo esto en tierras protegidas por Ley, con un valor incalculable en su costo, por estar a apenas a diez minutos de pleno centro de la Capital Federal, pero explotadas inadecuadamente al no utilizarlas para el objetivo de cuidar el medio ambiente, no destinarlas al esparcimiento público o urbanizarlas con criterios estéticos dado la importancia de sus vistas al majestuoso Río de la Plata.

En tierras cercanas al Ceamse, de propiedad del grupo Techint, si se permite un desarrollo inmobiliario de enormes proporciones, que hasta ahora no logró emprenderse por el simple hecho que la crisis internacional detuvo este tipo de negocios millonarios. Esto implicará la destrucción del bosque costero.

Las necesidades políticas, una vez más, primaron por sobre la Ley y la razón, inutilizando tierras que serían beneficiosas para todos los vecinos, pero, eso si, dándole a delincuentes comunes fantásticas vistas al sol naciente que hace rebotar su luz sobre el Plata.

¿En que cabeza cabe tamaño pensamiento?. Solo en la alguien que busca la conveniencia política, en lugar de planificar en beneficio del bien común.

Las plantas de tratamientos de aguas contaminadas, los autódromos, los mercados y las cárceles deben de construirse fuera de los ambientes urbanos o de zonas verdes, como se hace en países avanzados.

Es de suponer que el resto de las tierras que quedarán presuntamente libres ya están en la cabeza de algún “buen planificador” que dispondrá a su antojo de las mismas.
El intendente municipal anunció el plan definitivo de erradicación del Polo Petroquímico de Dock Sud, cosa que jamás sucedió y creo que no sucederá ni siquiera en el mediano plazo, más allá de la partida de un par de pequeñas empresas. 

La Shell continúa allí trabajando y hace no tantos años, incluso, desmontó una fábrica de coque en Holanda, para trasladarla a nuestro vecindario. ¿Una planta de coque en medio de un conjunto urbano donde viven, en total, 13 millones de personas?

En Avellaneda se nos priva, no solo de la visión a nuestro río (no disponemos ni un solo metro de costanera, como tienen otros distritos, caso de Quilmes, Vicente López, Buenos Aires o San Isidro), de su libre acceso, sino también de disponer del único lugar de crecimiento natural que debe darse en una ciudad grande, que solo posee esta última franja de tierra libre para poder desarrollarse, con cuidado del medio ambiente.

dp
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