lunes, 26 de marzo de 2018

EL CONURBANO TAMBIÉN PIDIÓ POR LA MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA


Vecinos y organizaciones de Derechos Humanos pintaron pañuelos en el marco de la campaña nacional convocada por Madres de Plaza de Mayo. Además, hubo conmemoraciones en espacios de Memoria y centros sociales.


Como cada año desde 1976, el 24 de marzo es un día de reflexión social y cultural en Argentina recordando una de las épocas más oscuras de la historia. 

La madrugada de aquél día, superiores de las Fuerzas Armadas tomaron el poder del país a través de un golpe de Estado y derrocaron al gobierno de Isabel Perón. Entonces comenzó una cruda dictadura cívico-militar que regiría el destino del país hasta 1983. 
En esos años,  más de 30 mil personas fueron desaparecidas en el marco de un plan que incluyó cientos de secuestros, privaciones ilegítimas de libertad, torturas en centros clandestinos de detención, apropiación de recién nacidos y exilios forzados de miles de argentinos. 

En busca de concientizar a la comunidad y hacer que no se olviden los trágicos hechos con el objetivo de que la historia no se vuelva a repetir, organizaciones de Derechos Humanos y vecinos de distintas localidades y distritos de la zona Sur del conurbano bonaerense realizaron durante toda la semana actividades por la Memoria, la Verdad y la Justicia.  

Los pañuelos blancos fueron sin dudas los protagonistas, encargados de unir a la sociedad en un reclamo colectivo en el marco de la “Campaña Nacional de pintadas de Pañuelos en todas las plazas del país” a modo de repudio de la desaparición de los tradicionales pañuelos pintados en Plaza de Mayo. Desde Madres de Plaza de Mayo pretende pintar un millón de pañuelos por la memoria, la verdad y la justicia. 

Cientos de personas participaron en las jornadas que se realizaron en Monte Grande, en el espacio de memoria situado en Salta y Boulevard Buenos Aires; en la estación de El Jagüel; en la Plaza Libertad, ubicada en Laprida al 1200 en Lomas de Zamora; y en la plaza 17 de Agosto, a una cuadra del ex Pozo de Banfield.  

Las actividades fueron más allá de las pintadas. En Esteban Echeverría, más precisamente en Luis Guillón, se colocaron baldosas con el nombre de los desaparecidos en el Boulevard Salta; mientras que durante toda la semana se pudo visitar la muestra Ovillos de Trazos de Abuelas de Plaza de Mayo en el Centro Cultural El Galpón de la Estación. 

A 42 años del Golpe de Estado, los integrantes de la Mesa de la Memoria de Lanús se trasladaron a la Comisaría 3° del distrito para reseñalizarla como un Centro Clandestino de Detención. Además, vecinos de Remedios de Escalada descubrieron una placa en repudio del Golpe en la Plaza Mariano Moreno de Hipólito Yrigoyen al 6200, junto a varias intervenciones artísticas.   

Por su parte, los vecinos de Lomas De Zamora nucleados en la Mesa de Trabajo “Ex Pozo de Banfield” convocaron a una “Jornada por la Memoria” donde reflexionaron sobre los hechos de la última dictadura cívico-militar y el rol que cumplió el Pozo como centro clandestino de detención y torturas.


El Pozo de Banfield, Espacio para la Memoria

 

Desde 2006, el Pozo de Banfield, ubicado en Vernet y Siciliano, es un Espacio para la Memoria. No obstante, esconde en sus instalaciones una trágica y siniestra historia ligada con la dictadura militar. Desde 1974 hasta la vuelta a la democracia funcionó como un centro clandestino de detención, un lugar en donde se torturaban a las víctimas del proceso dictatorial. 

Se trata de un espacio de tres pisos donde en la planta baja se encontraba la oficina del jefe, una sala de torturas y otras dependencias. En el primer piso había calabozos, oficinas, el comedor y casino del personal, cocinas y baños, mientras que en el segundo había más calabozos y un baño. 

Con la llegada a la democracia pasó a convertirse en una dependencia de la Policía Bonaerense hasta que, por pedido de la comunidad y de los organismos de Derechos Humanos, logró convertirse en un espacio de debate y reflexión.  

Uno de los responsables de este centro clandestino de detención era el médico policial Jorge Antonio Bergés, siendo uno de los principales propósitos de este espacio albergar a las secuestradas que transitaban los últimos meses de su embarazo. Fueron los mismos estudiantes apresados en La Noche de los Lápices los encargados de acompañar a las embarazadas en el trabajo de parto.  

Algunos de los detenidos corrieron con la “suerte” de quedar a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, pudiendo posteriormente recuperar libertad, mientras que otros como María Claudia Falcone continúan aún desaparecidos.  

Un total de 309 personas fueron alojadas en este centro. De ellas, 97 aún permanecen desaparecidas. 5 fueron liberadas y posteriormente asesinadas.


Brown tiene su plaza para no olvidar  


En diciembre de 2016 el playón de la estación de Burzaco se convirtió en la Plaza de la Memoria y los Derechos Humanos consolidando un espacio para homenajear a los desaparecidos de en la última dictadura.  

La iniciativa fue impulsada por las secretarías de Derechos Humanos de Suteba y CTA de Almirante Brown fue acompañada por un amplio abanico de organizaciones políticas, estudiantiles y sociales. Finalmente fue aprobada por una ordenanza del Concejo Deliberante local.  

Pañuelos blancos e intervenciones artísticas poblaron el espacio de 9 de Julio y Carlos Pellegrino en torno a una estructura piramidal. Además, conformaron y presentaron un mapa donde figuran los espacios donde desaparecieron los vecinos.  

El domicilio de Marta Margarita Mastrángelo (consejera escolar y docente; la intersección de Spiro y Pellegrini, donde fue ejecutada en la vía pública María Rabufell; la casa de Carlos Rodríguez Mendizábal como también la de Cristóbal Dedionigi y Jorge Martínez Abeleira. 

El lugar donde fue asesinada Mirta Quiroga de Novo en el barrio Los Alamos de Glew, la vivienda de Estela Oesterheld y su marido Raúl Mórtola, quienes fueron asesinados en una emboscada en 1977 y la casa de Orlando Basterriza, son algunos de estos puntos de memoria. 

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