domingo, 25 de marzo de 2018

Wolek: "Chocobar se valió de sus instintos para ayudar a una persona necesitada"


El turista estadounidense apoyó al agente que persiguió y mató a uno de los ladrones que lo había apuñalado.


Horas después de que Luis Oscar Chocobar (30), el policía procesado por matar a un ladrón en La Boca, recibiera un nuevo revés judicial, el turista estadounidense Joe Wolek (54) defendió el accionar del agente y pidió por su absolución. “No importa si Chocobar actuó heroicamente o no, ni tampoco importa si actuó en defensa propia o no, ni si algunas decisiones no fueron perfectas. En este caso específico y particular todo lo que importa es que actuó”, aseguró en una carta.

El texto completo

“Casi todos los argentinos están al tanto del ataque brutal que sufrí en La Boca. Lo que comenzó como un violento espectáculo de muerte inminente se transformó en una gloriosa historia de supervivencia cuando tenía todas las de perder, y culminó en una celebración de vida, y en un estrecho vínculo de amistad entre un paciente, un médico, un hospital y la gente de Buenos Aires. 

Fue verdaderamente extraordinario: muchas personas acudieron a los medios, incluso a los programas de televisión y a las redes sociales para ser testigos y partícipes de algo noble. Sin embargo, todavía resta algo que empaña esta alegría: la posible condena y encarcelación del agente policial que detuvo a uno de los dos asaltantes. 

Es cierto que una sociedad justa está formada por leyes; pero también, y tal vez en mayor grado, por costumbres, creencias, mitos y relatos. Este no es el final que merece esta historia; este final creará más trauma y más daño. Esto no debería suceder. No solo le cambiaría la vida brutalmente al policía quien solo intentó hacer lo correcto y a su amorosa familia, sino que también perjudicará brutalmente al pueblo argentino, en un momento en el que la sociedad está intentando construir con valentía la nación más respetable que sabe que puede ser.

Wolek estuvo internado tres semanas en el Hospital Argerich.


Esa mañana de diciembre el barrio de La Boca estaba siniestramente desierto, cuando dos hombres me agredieron por atrás, me golpearon, me apuñalaron y me robaron mis cosas. No hubo una amenaza inicial de asalto, sino un ataque súbito y mercenario como si fuera un asesinato. Ni me dieron ni tuve opción de entregar mis pertenencias hasta después del violento ataque. No me resistí, solo traté de proteger mi vida. A los pocos segundos ya tenía diez puñaladas en el pecho y el estómago; algunas alcanzaron el corazón y los pulmones, y quedé al borde de la muerte.

Con las heridas sangrantes, corrí hacia a las únicas personas que vi para pedir ayuda. Grité ¡Ayúdenme! ¡Ayúdenme! lo mejor que pude en mi español de principiante. Como no sabían lo que había pasado, me miraron confundidos como si estuviera loco, y no hicieron nada. 

En estado de pánico, seguí corriendo tratando de encontrar ayuda porque temía que solo tenía unos momentos antes de que se acabara todo. 

A los pocos metros me desplomé sin poder respirar y quedé inconsciente, pero un agente de policía de civil, que iba camino a su trabajo, vio desde lejos lo que me pasó y persiguió a los asesinos. Al él no le hizo falta que yo le pidiera ayuda; tomó la iniciativa de ayudar a quien lo necesitaba. Eso es lo que hace un buen agente de policía.


Luis Oscar Chocobar está procesado por homicidio y va camino al juicio oral.

Me contaron que con la ayuda de algunas personas estaban en el lugar (tal vez aquellos a los cuales acudí al principio que al final entendieron lo que pasó) el agente de policía persiguió a los delincuentes y llegó a alcanzar a uno de ellos. Sintiéndose amenazado y después de dar la voz de alto y efectuar tiros intimidatorios sin lograr que el delincuente se detuviera, el agente le disparó. 

Detuvo la fuga de un violento criminal antes de que ese delincuente pudiera volver a herir a otra persona, ese mismo día o cualquier otro. Finalmente gracias a la captura de ese ladrón asesino, también capturaron a su cómplice. Con dos delincuentes peligrosos y decididos a delinquir fuera de las calles, ahora Buenos Aires es un lugar más seguro para todos.

Eso es todo lo que importa en el caso del agente Luis Oscar Chocobar, los disparos y la posterior muerte de uno de los hombres que intentó matarme, Juan Pablo Kukoc. Si bien considero que su muerte es lamentable y me compadezco por la pérdida sufrida por los padres y amigos de Kukoc (como deberíamos hacerlo todos, al fin y al cabo era un ser humano y tenía vínculos con sus más allegados), no tengo remordimiento por lo que le pasó. 

Todavía puedo ver la hoja de la cuchilla entrar y salir de mi cuerpo y la sangre brotando con cada entrada y salida del metal. Ellos eligieron su camino y fueron salvajes, y no importa si fue Kukoc o su cómplice o ambos los que blandieron el arma, ya que actuaron juntos. Mi vida no les importó para nada. Si hubieran tenido la oportunidad, podrían haberles hecho esto a otras personas, por lo tanto deben ser castigados como corresponde. Al agente Chocobar no se le debe pagar con la misma moneda. A él sí le importó.


Este es un acontecimiento muy específico y particular y no se lo debería vincular a otras cuestiones sociales más amplias. Lo que sucedió no fue un típico acto delictivo desenfrenado, sino un acto feroz en contra de un blanco fácil: un extranjero solitario que no sospechaba nada. Como una vieja gacela separada de su manada que se convierte en blanco de los leones cazadores, Kukoc y su cómplice me convirtieron en su blanco. 

Este no es el caso de un agente de policía que actúa con agresividad en una zona de alto grado de delincuencia ni que cumple órdenes de herir de forma maliciosa a personas peligrosas o personas con creencias o puntos de vista discrepantes. Chocobar estaba solo y se valió unicamente de sus instintos para ayudar a una persona necesitada y crear un lugar más seguro, como un león que protege a sus cachorros de las hienas que los acechan. 

La absolución de Chocobar no le dice al pueblo que la policía tiene la libertad de abusar de su autoridad para con la gente común. Por el contrario, les transmite la tranquilidad de que la policía usará su buen criterio y su capacidad para mantenerlos a salvo en su comunidad. También le transmite a la policía que puede utilizar su poder solo para esos fines y no de manera indiscriminada para lastimar a aquellos que percibe como amenaza sin ninguna evidencia que lo corrobore.

Kukoc y su cómplice eran ciertamente amenazas reales, pero ya no lo son gracias al agente Chocobar. No importa si Chocobar actuó heroicamente o no, ni tampoco importa si actuó en defensa propia o no, ni si algunas decisiones no fueron perfectas. En este caso específico y particular todo lo que importa es que actuó.

Espero que los argentinos puedan ponerse de acuerdo y no discutir acerca de detalles ni de ramificaciones filosóficas que no corresponden a este acontecimiento. 

El procesamiento y la absolución del agente Chocobar les transmitirá un mensaje a los ciudadanos argentinos de que el Poder Judicial los ampara plenamente de una manera empática y racional; el mensaje de que la gente pueda ser solidaria y tener confianza en la policía que actúa con humanidad y ética; y un mensaje de que no hay ni la más mínima cabida para los criminales violentos que actúan con malicia con los demás miembros de la sociedad. 

Estos son mensajes que fomentan la humanidad en todos nosotros y que pueden convertirse en los cimientos para que la Argentina siga creciendo y honre su nuevo proyecto de futuro. Añoro volver a ese lugar tan especial. Allí dejé parte de mi corazón”.


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