viernes, 24 de agosto de 2018

CORRUPCIÓN K: EL "CURRO" DE LA MEGATORRE EN AVELLANEDA



La Megatorre de Comunicaciones: una nueva declaración de José López, que podria involucrar a los intendentes del Conurbano sur.
Sin duda habría transformado completamente el paisaje de Avellaneda; sus majestuosos 368 metros de altura y su diseño futurista se hubieran podido ver desde la Ciudad de Buenos Aires y los partidos vecinos del Conurbano. Pero la monumental Torre Única de Comunicaciones (TUC) es otro capítulo de la corrupción en la obra pública de la administración K, según se entiende de las últimas novedades del caso de los cuadernos y las últimas declaraciones de José López.

El proyecto era ambicioso: iba a ser la estructura arquitectónica más alta del país y una de las más elevadas del mundo. Su función principal iba a ser concentrar las antenas emisoras de TDV, FM, UHF y VHF y estaba proyectado construirla en las playas ferroviarias que se encuentran entre los estadios de Independiente y Racing. Iban a ser 44 pisos circulares de 1.500 metros cuadrados cada uno, donde se distribuirían espacios gastronómicos, un mirador panorámico, canales de tv, emisoras de radio, oficinas comerciales y un museo. El costo total aproximado se calculó en alrededor de 500 millones de dólares.
La idea queda definitivamente descartada en 2015, al reasignarse los recursos que el Ministerio de Planificación de Julio De Vido pensaba destinar a la construcción. Así y todo se llegaron a desembolsar $48.090.000 solo por la confección del proyecto final y la maqueta de la obra, tarea encargada a los arquitectos Héctor Raúl Muñiz y Jorge Eduardo Príncipe, de la Sociedad Central de Arquitectos (SCA). Habitualmente en lo que se refiere a la licitación de obra pública, se buscan interesados presentándoles un anteproyecto; un proyecto finalizado es demasiado costoso e involucra grandes equipos de profesionales. Es un gasto innecesario y una grave irregularidad. Como si eso fuera poco, los dos arquitectos a cargo no tenían experiencia en proyectos de gran envergadura y estaban inscriptos en las categorías más baja de contribuyentes.

A pesar del interés de algunas empresas rusas y chinas, el proyecto queda estancado porque no se buscó inversión externa para financiar completamente la obra, sino solo el 85%; el resto tenía que aportarlo el Estado. La reasignación de recursos dictaminada por el Ministerio de Economía en 2015 elimina cualquier posibilidad de seguir adelante.

La megatorre sería solo una anécdota, una más de las tantas obras nunca terminadas en nuestro país, si no fuera por las nuevas declaraciones de José López y la compleja trama de corrupción en la obra pública que se revelan día a día. Ahora la mira de la justicia estaría posada sobre intendentes del conurbano alineados con el poder K y sospechosos de administrar irregularmente fondos públicos para financiamiento de campañas electorales

En Avellaneda, entre los dos estadios hoy día solo hay pastizales, arena, vías y vagones oxidados. Sin embargo, la corrupción ha sabido levantar otro de sus monumentos.



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